Relato desde Italia: ¿Cómo es volver a la vida normal después de la cuarentena?

Por Sofi D’alesio

Dos meses pasaron desde que comenzó la cuarentena en Sorrento, una ciudad turística del sur de Italia en la que vivo hace un año y medio. Soy italo-argentina nacida en Buenos Aires, pero mis ganas de moverme por el mundo me trajeron hasta acá con mi hermana de 19 años, sin saber que una nueva pandemia atacaría a todos e íbamos a estar solas en un momento tan difícil a nivel mundial y lejos de los seres queridos que quedaron en nuestro país de nacimiento.

Las semanas de confinamiento fueron raras, extrañas y difíciles. Perdimos la cuenta de cuánto fue que estuvimos encerradas, los días eran todos iguales. Tuvimos la suerte de compartir la cuarentena con nuestros respectivos novios, lo que nos ayudó a encontrar formas de divertirnos. Sin embargo, fue el 4 de mayo el día que más feliz nos hizo a todos: finalmente se terminaba la primera fase de la cuarentena en Italia y podíamos salir de casa a pasear, volver a ver el mar y las puestas de sol. Los más afortunados, incluso, podían volver a trabajar y a abrir sus negocios.

De a poco la vida está volviendo a ser lo que era. No puedo mentir, es un poco extraño y todos seguimos con miedo a estar cerca de la gente, a tocar cosas o a simplemente caminar por la calle. A pesar de eso, poder salir sin llenar formularios para justificar a donde se va, es un placer. Es como volver a sentirse dueño de tu propia vida.

La normalidad todavía no es completa. Si bien uno puede salir de casa, ir a comer afuera o tomarse un café en un bar, hay medidas nuevas que cambian todo lo que conocíamos. Ya no podemos estar sin barbijos, la mayoría de los alimentos y bebidas se venden en recipientes de plástico de un solo uso para evitar problemas y la costumbre de hablar con amigos y conocidos en el medio de la calle es algo del pasado. Cada vez que la policía, la cual patrulla la calle todo el tiempo, ve que hay un grupo de gente amontonada, pide que se separen y respeten el metro de distancia.

Cruzarse con amigos y conocidos por la calle es otra situación distinta. Nadie sabe qué hacer. ¿Nos podemos abrazar y besar o mejor saludo de codo? ¿Hablamos desde lejos o podemos estar cerca? Las nuevas reglas se van haciendo al andar.

Por ahora, en mi ciudad los bares decidieron adoptar la modalidad take away. Venden tragos en vasos plásticos los cuales podés ir tomando mientras caminás por la peatonal o te quedás sentado en una plaza. ¿Me gusta? La verdad todavía no sé cómo me siento, pero de a poco los humanos nos adaptamos a todos los cambios y lo que hoy nos parece extraño tal vez mañana se vuelva nuestra realidad.

Al ser una ciudad que vive mayormente del turismo, la mayoría de nosotros todavía no está trabajando. Las fronteras siguen cerradas y el mundo no está precisamente en el mejor mood para viajar. “¿Quién va a querer venir a uno de los países más afectados por el Covid-19?”, nos preguntamos entre nosotros. Siempre en esta época del año, Sorrento estaba llena de turistas y viajeros que disfrutaban de sus paisajes, de las ciudades vecinas y del Mediterráneo. Ahora somos solo nosotros.

La sensación de libertad se siente, pero la rutina desapareció, todos los días son distintos e inciertos. El mundo no es cómo lo conocíamos. A pesar de eso caminamos, tomamos aire y disfrutamos del sol de primavera y del calor agobiante que ya se empezó a sentir. No podemos nadar en el mar porque todavía no lo permiten, pero lo podemos ver y tocar un poco. Eso reconforta mientras tenemos que esperar, porque el mundo nos obligó a frenar, porque tenemos miedo y porque nadie quiere volver a estar encerrado.

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